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30 abr. 2013

del viajero al turista... fotografía de lo insignificante...



        Y esta dicotomía hace traducción también en el álbum del viajero y/o turista. El viajero, al disfrutar tanto de lo impresionante como de lo cotidiano, no pierde esa capacidad de asombro tan propia en los niños y, por ello, su cámara no deja de hacer “click”, y fotografía lo significante y lo insignificante, lo planeado y lo no planeado. De este punto nace la voluntad estética, las ganas de trasmitir algo cuando fotografiamos un puesto de golosinas o una bandada de palomas sobre el Tibidabo.

            El turista, por el contrario, se limita, como he hemos analizado antes, a centrar el monumento simbólico con el personaje fotografiado como punto minúsculo, porque ese es el objetivo, el “yo estuve ahí”.



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