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Mostrando entradas con la etiqueta arte. Mostrar todas las entradas
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10 may 2013

Alexandra in Grey... buena opción para un viernes-tarde...

Que agradable cuando te sorprendes con una canción nueva, con una voz nueva, con un grupo nuevo... Suelo ser optimista con todo lo que escucho, intento no desechar rápidamente sin encontrar algo que me alegre. Es verdad que hay cosas... que esa tarea se hace difícil.

Esta semana me he sorprendido y he sonreído, y me encanta que me hagan sonreír, y si me hacen volar un poquitín, ya me tienen totalmente ganada.

La culpable de esto ha sido una banda que no había escuchado hasta ahora, Alexandra in grey. Sandra Lusquiños es la "prota" de esto, pero vamos, con la banda que tiene.... tremendo lujo! Una enfermera con una voz diminuta y tímida, que te acaricia cuando la escuchas, muy sutil y llena de matices. Comenzó con esta andadura junto a Miguel Herrero y Richard García, ya no músicos sino "hombres orquestas" como ella los denomina. A partir de ahí, y tras dos años, me imagino que de aunar criterios, creaciones y demás, se unen un puñado de músicos más (buenísimos todos) y graban su primer album como Alexandra in Grey.






Después de estos datos biográficos y demás, os cuento a qué suenan estos asturianos. Siempre he creído que quien mucho abarca poco aprieta, y que una banda cree temas de distintas tendencias, siempre te trae la curiosidad de ver si realmente hay un hilo conductor coherente y homogéneo, a pesar de la variedad. Muchas veces nos encontramos con que esto no es así. Y luego, otras veces te sorprende cómo se consigue mantener un sonido y un concepto en canciones tan variadas.

Claro, lo fácil es crearte un sonido, y a partir de ahí, agotarlo hasta la saciedad... No voy a poner ejemplos, pero cuántos hemos escuchado una canción de un músico, igual a la anterior, y ésta, a su vez, a la anterior. Y hay muchos sonidos que me gustan pero claro.... si todos los temas los haces iguales, pierdes la genialidad de haber creado algo bueno y nuevo.

8 may 2013

Del viajero al turista... Propaganda turística...



        Una vez escuché de un compañero de viaje: “Haz fotografías donde aparezcas, para fotografías sin ti están las postales. Si quieres recordar un paisaje compra una postal, para lo demás si tú no estás en ellas (las fotografías) no tiene gracia”.  
        
        Se abre un debate en el que nos planteamos el verdadero significado de la postal turística actualmente. Décadas atrás todo turista o viajero enviaba postal turística desde su destino para que los familiares que se habían quedado en casa contemplaran qué lugar era del que disfrutaban sus turistas y qué mensaje mandaban, “estamos bien”, “la comida estupenda”, “esto es maravilloso”. Existía también el coleccionismo de postales, hoy podemos encontrar postales en las cajas de recuerdos de nuestros padres, donde aparece un prado extrañamente mágico o una escena típica del destino turístico.

        Actualmente la situación cambia. Ya no sólo encontramos postales propagandísticas del lugar visitado, comenzamos a encontrar postales que se alejan mucho en relación con el lugar, podemos encontrar desde una flor hasta una pareja de gatos. ¿A qué se puede deber esto?. Como comentamos anteriormente, el viaje se ha convertido en algo normal y “necesario” en la vida de “todas” las personas. Y la tecnología nos ofrece mil y una posibilidades de captar recuerdos y experiencias con fotografías, vídeos, grabaciones...  comienza a carecer de importancia la propaganda turística de la postal, las imágenes las llevamos con nosotros mismos, y no sólo un carrete de 26, sino miles y miles de fotografías. 

        Posiblemente, lo que importe es mandar el mensaje a casa, con una frase agradable para nuestros familiares, ya que, también con la tecnología, podemos comunicarnos muy económicamente.






















30 abr 2013

del viajero al turista... fotografía de lo insignificante...



        Y esta dicotomía hace traducción también en el álbum del viajero y/o turista. El viajero, al disfrutar tanto de lo impresionante como de lo cotidiano, no pierde esa capacidad de asombro tan propia en los niños y, por ello, su cámara no deja de hacer “click”, y fotografía lo significante y lo insignificante, lo planeado y lo no planeado. De este punto nace la voluntad estética, las ganas de trasmitir algo cuando fotografiamos un puesto de golosinas o una bandada de palomas sobre el Tibidabo.

            El turista, por el contrario, se limita, como he hemos analizado antes, a centrar el monumento simbólico con el personaje fotografiado como punto minúsculo, porque ese es el objetivo, el “yo estuve ahí”.



18 abr 2013

del viajero al turista... el viaje es para todos...



           El placer de tomar fotos es común a casi todos los que amamos los viajes y la aventura; nos encanta saber que con esto nadie tendrá dudas de que estuvimos en el monumento que siempre sale por la televisión o en la ciudad soñada por todos, o simplemente saber que tendremos un álbum que será la admiración o la envidia de las visitas. Pero detrás de ese placer que nos embriaga existe la oportunidad de lograr mucho más. Cuando llevamos nuestra cámara fotográfica a uno de nuestros viajes lo hacemos con muchos deseos de traer bonitas vistas para mostrar a familiares y amigos pero no nos damos cuenta que estamos desarrollando la misma actividad que desde hace miles de años viene realizando el hombre con la finalidad de plasmar algo importante, interesante o peculiar de su vida.







            Sí, parece absurdo hacer la comparación de la fotografía con las pinturas rupestres pero lo cierto es que es un fenómeno muy similar, sólo que hemos avanzado tecnológicamente. Pretendemos consagrar el encuentro único (aunque éste pueda ser vivido por miles de personas en circunstancias idénticas) entre un individuo y un lugar famoso, entre un monumento excepcional de la existencia y un sitio importante por su alto contenido simbólico. La ocasión del viaje solemniza los lugares por los que se pasa y los más solemnes de entre ellos solemnizan a su vez esa ocasión. El viaje de novios, por ejemplo, plenamente realizado es la pareja fotografiada delante de la Torre Eiffel, porque París es siempre la Torre Eiffel, y porque el viaje de novios verdadero es a París. Aquí ya comenzamos a plantearnos esos itinerarios estipulados que se han ido creando y afianzando a lo largo del tiempo, y que hoy en día, tomamos  como “normal” que unos recién casados vayan a París o que una clase de instituto vaya a esquiar a alguna parte de España.

Shutter Island... viaje a lo sombrío...




Shutter Island, una película dirigida por Martin Scorsese, y basada en la novela homónima de Dennis Lehane (autor también de “Mystic River” y “Adiós, pequeña, adiós”), nos traslada a 1954, a través de un agente judicial (Leonardo DiCaprio) que se dirige a Shutter Island, destinado a resolver un caso.

En esta isla se halla una institución psiquiátrica de los presos más peligrosos, por el hecho de estar locos. Teddy Daniels (el agente) junto con su compañero Chuck Aule (Mark Ruffalo), deberá encontrar a una paciente/presa que se ha esfumado de su celda/habitación, sin dejar rastro.

Desde la primera escena, observamos que Teddy Daniels no se encuentra bien, ni física ni emocionalmente. La mezcla de distintos acontecimientos pasados provocan estados atormentados en su mente que, en ocasiones conviven en la película entre lo real y lo imaginario, a través de sueños. La muerte de su esposa en un incendio, su desoladora experiencia en la guerra nazi… sufre un ida y venida de personajes que trastocan su mente durante todo el film. Esto se verá más acusado según vaya transcurriendo la película.

Pronto, los agentes judiciales, perciben que los mismos trabajadores del centro no quieren colaborar, y ya empezamos a oler a chamusquina y a elucubrar varias opciones.

Mi intención no es desmembrar la película para que luego ya no tenga gracia verla. Este film se tiene que ver sin tener mucha información de antemano.

17 abr 2013

del viajero al turista... El viaje es... ¿tecnología?



            La andadura iniciada en el siglo XIX se amplía y se extiende durante el siglo XX y XXI. Actualmente encontramos no sólo la posibilidad de llevar una cámara con nosotros durante el viaje sino que en un mismo objeto podemos albergar cámara, música y teléfono. 

          El rápido e irrefrenable avance tecnológico convierte al “obrero” en fotógrafo de su propia “expedición”. Como hemos comentado antes, viajar se ha convertido en una necesidad vital para el ser humano. Ya no está reservado a élites económicamente privilegiadas, comerciantes avispados, aventureros favorecidos por mecenas generosos, o emigrantes en busca de nuevos horizontes. En el siglo XXI, forma ya parte del modo de vida de la civilización occidental. Los medios de transporte y sus costes contenidos, nos permiten desplazarnos a múltiples lugares del mundo en pocas horas, y cada vez una mayor cantidad de personas se pueden permitir durante sus vacaciones conocer otros países o regiones. A esto le añadimos la antes nombrada tecnología, también al alcance de la sociedad, y obtenemos como resultado portales virtuales llenos de fotos de infinidad de lugares, al igual que el tradicional, aún en algunas familias, álbum de viaje.





16 abr 2013

Del viajero al turista... el viaje es vida y fotografía...



            La fotografía, actualmente, nos sirve como medio de aproximación y de conocimiento del mundo. Ello cambia totalmente la visión que se tiene de todo lo que nos rodea, puesto que nos acerca a lo lejano, a lo remoto, haciendo accesible y próximo cualquier lugar. Son muy significativas al respecto las palabras de Susan Sontag cuando afirma:

“(...)el resultado más imponente de la empresa fotográfica es darnos la sensación de que podemos apresar el mundo entero en nuestras cabezas, como una antología de imágenes. Coleccionar fotografías es coleccionar el mundo (...)”[1]

            Desde la segunda mitad del siglo XIX, la fotografía tenía como una de sus cualidades fundamentales la de ser usada como un medio de documentación de la realidad. En este aspecto, será utilizada para atrapar, por medio de la técnica, lo que no se podía conseguir por otros medios. Es el caso de la fotografía de viaje, su capacidad con respecto a capturar la realidad, hace que sea empleada para recoger, en este caso, aspectos culturales.

11 abr 2013

Del viajero al turista ... La vida es un viaje...


Esta expresión la hemos escuchado muchas veces y parece ya un tópico, pero es una realidad. La vida es un viaje en el tiempo y en el espacio; un viaje a nuestro interior, un constante devenir, un desplazamiento, una transformación. Heráclito ya lo explicaba hace veinticinco siglos a través de frases que han viajado en el tiempo de generación en generación. “El sol es nuevo cada día”, decía, y también que no es posible bañarse dos veces en el mismo río.

            El viaje es vida, aventura, descubrimiento, conocimiento, evolución; es formar parte de esa ecuación en la que velocidad, espacio y tiempo juegan con nuestras mentes mostrándonos lo relativo que es todo aquello que percibimos como “trascendente”. El espíritu viajero y aventurero no es fácil de reprimir; aflora por todos lados, y como no se puede aniquilar, se manifiesta de formas distintas y dispares.

            Viajar y contarlo después parece algo inseparable. Así lo han hecho todos, o casi todos los viajeros a lo largo de la historia. Por ello, el viaje y la fotografía se unen como dos miembros de un mismo cuerpo; no sólo basta llegar a casa contando lo que nos ha parecido Viena o La Gomera, nos traemos las pruebas que acreditan ese viaje, esas experiencias vividas, esos momentos en los que la ruptura de la rutina y el descubrimiento de tantas cosas nos han hecho inmensamente felices.


CLAUDE MONET – “Le gare Saint Lazare (La estación de Saint Lazare)”, 1877 – óleo sobre lienzo, 75-100 cm. - Paris, Musée d'Orsay
Martin Parr | Italy, Pisa, The Leaning Tower of Pisa, 1990 (from Small World)

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4 abr 2013

GARDEN STATE, un film que deberías ver...

Para no perder la buena costumbre, aquí me hallo con mi segunda entrada. Como comenté en la primera entrada, no sólo voy a escribir sobre cocina, en este blog hay cabida para todo tipo de temas: desde temas cursis como cosas de bebés, a cosas más profundas como el sexo de los ángeles, jajajaja. 

Bueno, aquí viene una reseña (no sé como llamarlo si no) sobre una película que vi hace muy poco y que me gustó muchísimo. Os la dejo para que, si les entra el gusanillo, la veáis. Ale!





Dirección: Zach Braff

E.E.U.U. 2004

Un film muy poco americano, o por lo menos muy poco comercialmente americano, escrito, dirigido y protagonizado por Zach Braff. Nos muestra en este film un canto a la vida, eso sí, un canto a esas vidas de personajes secundarios, personajes que normalmente no son los protagonistas ni de sus propias vidas.

Mientras disfrutamos de un buen comienzo vamos observando una historia muy sencilla: un chico poco sociable y atiborrado a litio vuelve a casa después de mucho tiempo para enterrar a una madre que él mismo dejó en silla de ruedas cuando era pequeño. ¿Tragedia? para nada, en este film no hay cabida para lo trágico. Desde ese momento vemos la relación tan fría que mantiene con su padre, sin embargo, no nos sentimos en la necesidad de posicionarnos entre uno u otro. 

El chico entierra a su madre, se reencuentra con sus amigos de la infancia, y durante un rato pensamos "aquí no pasa nada", hasta que aparece una joven Natalie Portman, como chica también rara, pero muy risueña, llena de vida y con un casco en forma de tortuga. La historia de los dos protagonistas nos cautiva desde el primer momento, aludiendo a aquellos tonteos adolescentes, donde había más ingenuidad, cosquillas e ilusión que otra cosa.