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18 abr 2013

del viajero al turista... el viaje es para todos...



           El placer de tomar fotos es común a casi todos los que amamos los viajes y la aventura; nos encanta saber que con esto nadie tendrá dudas de que estuvimos en el monumento que siempre sale por la televisión o en la ciudad soñada por todos, o simplemente saber que tendremos un álbum que será la admiración o la envidia de las visitas. Pero detrás de ese placer que nos embriaga existe la oportunidad de lograr mucho más. Cuando llevamos nuestra cámara fotográfica a uno de nuestros viajes lo hacemos con muchos deseos de traer bonitas vistas para mostrar a familiares y amigos pero no nos damos cuenta que estamos desarrollando la misma actividad que desde hace miles de años viene realizando el hombre con la finalidad de plasmar algo importante, interesante o peculiar de su vida.







            Sí, parece absurdo hacer la comparación de la fotografía con las pinturas rupestres pero lo cierto es que es un fenómeno muy similar, sólo que hemos avanzado tecnológicamente. Pretendemos consagrar el encuentro único (aunque éste pueda ser vivido por miles de personas en circunstancias idénticas) entre un individuo y un lugar famoso, entre un monumento excepcional de la existencia y un sitio importante por su alto contenido simbólico. La ocasión del viaje solemniza los lugares por los que se pasa y los más solemnes de entre ellos solemnizan a su vez esa ocasión. El viaje de novios, por ejemplo, plenamente realizado es la pareja fotografiada delante de la Torre Eiffel, porque París es siempre la Torre Eiffel, y porque el viaje de novios verdadero es a París. Aquí ya comenzamos a plantearnos esos itinerarios estipulados que se han ido creando y afianzando a lo largo del tiempo, y que hoy en día, tomamos  como “normal” que unos recién casados vayan a París o que una clase de instituto vaya a esquiar a alguna parte de España.