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22 abr. 2013

del viajero al turista... ¿viajero o turista?


    Sin embargo, en ocasiones nos sorprendemos cuando encontramos en nuestras propias experiencias turísticas, fotografías que no incluyen monumento simbólico, o jardín famoso; al contrario, encontramos algo tan cotidiano como un puesto de manzanas en el mercado de la Boquería en Barcelona, o un simple semáforo de Londres o, incluso, una pareja de niños que se sientan en el asiento trasero del avión, contraponiéndolo con una pareja de ancianos que se sientan en el asiento delantero. Y he aquí, esto nos lleva a la reflexión, ¿viajero o turista?.

            El turista va ligado a la sociedad de consumo. Viaja porque está de moda, para contarlo a los amigos. Compra souvenirs para demostrar que ha estado en un determinado lugar y se limita a contemplar los monumentos que en las guías aparecen como los imprescindibles, siempre que le quede tiempo entre sus ágapes gastronómicos y el tiempo dedicado al relax o a la diversión.

            El viajero se divierte viajando, se prepara el viaje leyendo reportajes y guías, pero lejos de limitarse a seguir sus consejos a rajatabla, deja un espacio para la improvisación, para conocer el pueblo de al lado, para perderse por la callejuela estrecha y sobre todo para conversar con los de la tierra. No tiene que demostrar nada a nadie y por ello no compra souvenirs. Adquiere los productos que encajarán en la decoración de su casa o algunos objetos que le recordarán las sensaciones vividas. La música autóctona, una tabla coránica o un kilim, son mucho más gratificantes que una reproducción minúscula de la Torre Eiffel de París, La Sirenita de Copenhague o el Taj Mahal, por sólo poner unos ejemplos. 












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